lunes, 15 de noviembre de 2010

Globalización, regionalización, localizació


El caso de Ringu y The ring, es interesante al analizar cuestiones de globalización, regionalización y localización, puesto que es un ejemplo específico del fenómeno conocido como J-horror, horror japonés que establece un patrón similar al estudiado por Iwabuchi (2000) en torno a la animación o japanimación, y no me refiero sólo al hecho de haber acuñado un término para denominar exclusivamente ese tipo de contenidos.

Las películas de terror japonés han sido grandes éxitos a nivel local, y con la entrada de las grandes compañías americanas en el mercado japonés, se ha visto la importancia y el potencial que tienen estos contenidos de ser exportados a nivel global, sin embargo, a diferencia de las animaciones, las películas de terror son, como se ha explicado anteriormente, producidas originalmente en japonés, teniendo en cuenta elementos narrativos y audiovisuales propios de su cultura que deben ser adaptados en nuevas versiones para que tengan significado en el mercado occidental.

«It is clear, therefore, that global flows and cultural exchange between the west and Japan have led to the cross-fertilisation of contemporary horror cinema, both in Japan and in the west. The concept of fusion, based on equality rather than dominance, can provide a way of interpreting this cultural exchange» (BALMAIN, 2008. pp. 190)

De esta manera se crea un Nuevo producto híbrido, que conjuga elementos de la cultura japonesa con elementos occidentales conocido como el remake, en castellano la adaptación, ejemplo del cual es The ring (2002); esta película es un producto híbrido culturalmente hablando que recoge temas y elementos de ambas culturas y que, partiendo de una producción japonesa, llega a los mercados americanos valiéndose de sus sistemas de distribución y exhibición como menciona Iwabuchi que ha sido un elemento clave de la globalización.

 (McPhail, 2010. pp. 315)


Un segundo estadío de los procesos de integración al mercado global por parte de Japón descrito por Iwabuchi (2000), es el de la regionalización, “Japón va a Asia”, y se refiere a la entrada de contenidos mediáticos japoneses en el vasto mercado asiático.

«The anime (the term refers to japanese animation) and horror movies represent a special level of expertise that is not seen in other countries. In the last serveral decades, Japan”s film and animation industries have been remarkably successful both in their home market and in the overseas market as well.» (MC PHAIL, 2010. pp. 312)


Si bien la posición de Japón acerca de exportar contenidos al mercado asiático había sido recatada a causa de las acusaciones de imperialismo y la posición política del país después de la segunda guerra mundial, Iwabuchi (2000) narra cómo se encontró una forma de llevar estos contenidos a un fuerte nivel de regionalización; no se exporta el contenido como tal sino el know how, los formatos y los procesos de producción japoneses van a otros países de la región.



El caso de Ringu es particularmente demostrativo, puesto que las relaciones comerciales y culturales entre Japón y Corea del sur que habían sido históricamente complejas y distantes, se ven aliviadas con el lanzamiento de esta película y su llegada al mercado surcoreano, en el cual, en cuestión de un año se realiza una adaptación o remake de la misma (DORTONA, 1999), partiendo del producto japonés terminad y teniendo gran acogida entre la audiencia de este país.

El proceso de localización en el cine de terror japonés, según se ha explicado anteriormente, ha sido llevado a cabo desde la llegada del cine mismo a Japón, puesto que consiste, según el concepto de Iwabuchi (2000), en una hibridación de elementos culturales y de formatos tanto occidentales como orientales.

El autor menciona de comienzos del siglo XXI, casos como la adaptación de reality shows americanos a la música popular japonesa, mas un ejemplo pertinente al tema de este blog es el uso de la tecnología cinematográfica americana y de la narrativa occidental para contar historias surgidas de la tradición popular y del teatro Kabuki; es en la regionalización donde encontramos la génesis del ahora global fenómeno del j-horror.

Ringu es un ejemplo de esto, en la medida en la que toma una historia tradicional japonesa de Yurei o fantasmas y la transforma en una película de terror, adaptando el lenguaje y la narrativa al lenguaje cinematográfico, una técnica y un formato occidental. Ringu es evidencia de la hibridación y de la apropiación de formatos para darles contenidos locales, los cuales posteriormente retornan a occidente, completando el proceso de globalización y creando el triángulo del que habla Iwabuchi (2000) en el que cada estadio depende y se deriva de los otros dos, a la vez que los alimenta.


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