lunes, 15 de noviembre de 2010

Historia del cine de terror en el contexto japonés

Cuando en 1897 el cinematrografo entra en Japón importado desde Francia, el teatro Kabuki, el No y en Bunraku se convierten en las primeras y principales fuentes de inspiración para la cinematografía japonesa de comienzos de siglo. Ajustandose, en la década de los 30s, a un modelo de estudio similar al de hollywood,  desarrolló una gran cantidad de producciones bajo directrices de integración vertical y un oligolopolio que permitieron un desarrollo prolífico hasta la década de los 70s. (BALMAIN, 2008. pp 12)

            Balmain relata cómo en la década de los 30s y 40s, el temor a una ocupación de otras naciones llevó al cine japonés a relegarse a un papel de proaganda nacionalista y tradicionalista, modelo que se vió drásticamente alterado con la ocupación aliada al concluirse la guerra. Esta ocupación entró a regular el cine japonés de manera tal que cualquier película que glorificara el antiguo régimen era sancionada severamente.

            Al concluir la segunda guerra mundial, Japón se vio en una situación de modernización forzada, que definió su identidad en oposición a lo occidental; es común entonces en la narrativa de terror japonesa, el monstro pre moderno que representa la tradición y espiritualidad del japón antiguo. Un primer ejemplo de esta situación es la película Godzilla, en la cual un monstruo antiguo emerge de las profundidades y amenaza con destruir la ciudad, y por ende la modernidad. (TANAKA, 1954)

            En la década de los 70s se ven los primeros casos de transculturación, cuando películas tradicionales del terror de Hollywood como Drácula se ven reinterpretadas e integradas a la cultura japonesa, tales son los casos de Legacy of Dracula (1970), Lake of Dracula (1971), y Evil of Dracula (1974), del director japonés Michio Yamamoto.

            La integración de un sistema democrático a un país tradicionalmente feudalista centrado en la figura del emperador establece un nuevo paradigma en el cual el individualismo es una causante de problemas y horror. De la misma manera, la recesión por la cual atraviesa Japón después de conformarse como una potencia económica, hace de la violencia domestica y la figura del padre ausente un leit motiv en las películas de terror, es así que aparece en el cine japonés la figura reiterada de la mujer agraviada, cuyo fantasma busca venganza contra sus agresores.

            Los nuevos paradigmas del cine japonés, posterior a la década de los 70s, abordan una serie de problemas sociales, culturales y económicos que determinan el contexto en el cual surge el nuevo cine de terror en Japón. Situaciones como la imposición de la democracia, la recesión y sus consecuencias sociales, el abandono y distanciamiento al interior de las familias, y la occidentalización a través de la tecnología alienante son elementos claves que estructuran el cine de terror japonés, de las últimas décadas y son conceptos específicos a este entorno y contexto cuya traducción al entorno de Hollywood para audiencias americanas o fuertemente occidentalizadas será parte crucial de la nueva ola de cine de terror japonés que emerge en el mercado occidental. 

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